
Es algo que vengo notando desde hace tiempo. La gente debe sentirse muy sola. Hay personas que parece que no viven en este mundo, personas que parece que se niegan a aceptar que ahora, por suerte o por desgracia, cada uno solo se preocupa de sus asuntos y que le da igual lo que le suceda al vecino de al lado.
Y en estas fechas más. Parece que estén deseando que les ocurra cualquier disparate para pregonarlo a los cuatro vientos. La mayoría de los días lo aguantas. Aguantas que te hagan perder el tiempo con cosas que no te interesan en absoluto (y en realidad a estas personas tampoco, pero tienen que tener algo de que hablar). Pero otros días no, no lo aguantas, y ya eres un borde. ¡Qué más me da a mi que lleve en la sala de espera desde las 10:00 si está citada a las 13:00, señora! ¡Qué no le van a quitar el sitio! Aquí lo importante es hablar, y hablar, de temas triviales, pero hablar... Un día está bien, dos pueden pasar, pero al tercero ya es molesto.
Si tanto tienen que contar, pues que hagan como yo. Que se abran un blog o escriban unas memorias, y así ya decidimos los demás si nos interesa o no lo que nos quieran decir.
Y lo sé, sé que hay gente que lo hace de buena fe, y para ellos no va dirigida esta crítica. Pero hay gente que no, gente que sólo busca que les entretengas cuando se aburren. Gente que se va por la mañana al médico todos los días a contarle cada día algo nuevo para pasar la mañana. Y tú, esperando a que la señora que lleva tres horas en la sala de espera cuando le habría sobrado con cinco minutos salga de la consulta. Si quieren, les bailo también.
Lo genial es presenciar cuando dos de estos seres sin oficio ni beneficio se juntan en un mismo habitáculo. La pelea por ver quién tiene más cosas que decir está garantizada, y por lo menos, te dejan en paz.